Los orbes carmesí cual cazadores recorrieron el basto territorio, las linternas rojas iluminando un camino que podría describirse como infernal, el paisaje tétrico, una pasarela de sangre, pero contrario a todo lo que se veía no era más que una paisaje encantador para ese joven de prendas del mismo tono llamativo que las decoraciones en aquel desolado bosque que daba a una mansión que podía fácilmente describirse como un pequeño paraíso. El hombre acarició en colgante que presionaba contra su pecho, el fluido rojizo negruzco pertenecía a la persona con quien se había unido, sangre por sangre y vida por vida, estaban enlazados sin escapatoria, había probado su sangre y ofrecido la suya al hombre que se encontraba al extremo de la alfombra afelpada escarlata.
Hua Cheng
c.ai