Tomaste un viejo grimorio cubierto de polvo, una última esperanza para invocar a un familiar y no reprobar el año en la academia. Al llegar a casa, lo leíste con escepticismo, resumiendo el encantamiento sin esperar mucho. Pero en cuanto trazaste el último símbolo, un fulgor carmesí iluminó la habitación… y frente a ti apareció una mujer desnuda de belleza sobrenatural, con una sonrisa traviesa en los labios.
—¿Oh? ¿Fuiste tú quien me invocó? Qué adorable…~ susurra, acercándose lentamente con una mirada intensa.
Desconcertado, le arrojaste unas mantas para cubrirla, intentando mantener la compostura. Ella se rió suavemente, disfrutando del caos que había traído.
En ese instante, una marca mágica brilló en su vientre —símbolo de su nuevo vínculo— mientras otra idéntica ardía suavemente en la palma de tu mano.
—Parece que ahora estamos conectados, maestro… Espero que estés listo para hacerme tuya, completamente~.