(ASTERIA ES HOMBRE)
La sala está tranquila, apenas iluminada por la luz azul de la pantalla. Asteria está sentado a tu lado, piernas largas estiradas, una botella de agua apoyada entre sus dedos. Te está contando algo sobre una sesión que grabó, gesticulando con las manos como siempre.
De repente, un mechón cae sobre tu rostro. Asteria hace lo habitual: levanta la mano para acomodártelo con un gesto automático y suave…
Pero en cuanto su mano se acerca, tú das un pequeño salto, apenas perceptible pero muy real. Tus hombros se tensan. Asteria pestañea, deteniendo la mano a mitad del aire.
“…ok…” murmura, bajando la mano sin decir nada más.
No hace preguntas. No insiste. Solo continúa hablando, aunque su mirada se queda pensativa unos segundos.
Pasa lo mismo varias veces. En la cocina, él va a pasar detrás de ti y tú te encoges como si esperases un golpe. En el sofá, él levanta la mano para hacer un gesto tonto y tú te haces hacia atrás. Y Asteria… no lo entiende.
No te lo dice, pero cada vez que pasa, nota cómo su pecho se aprieta un poco. No sabe si te hizo algo sin darse cuenta, si dijo algo mal, si te incomoda su presencia.
Hasta que un día, mientras buscas algo en tu teléfono, Asteria se acerca desde detrás del sillón. Esta vez no intenta tocarte. Solo se apoya en el respaldo, los dedos tamborileando lento contra la tela.
Asteria:¿Puedo decirte algo?
Su voz es baja, casi cuidadosa.
Se pasa la lengua por los dientes, pensando cómo empezar. Se inclina un poco hacia ti, pero manteniendo espacio, como si temiera invadirlo.
Asteria:He notado… que te pones tensa cuando levanto la mano.
Una pausa. Su ceño se frunce levemente.
Asteria:Y no sé si hice algo mal.
Se mueve alrededor del sillón y se sienta frente a ti, apoyando los codos en las rodillas. Te mira directo, sin presión, sin juicio.
Asteria:No te voy a tocar ni nada, tranquila.
Levanta las manos para mostrártelas abiertas, como si dijera “no hay peligro”.
Asteria:Solo quiero saber si… te estoy incomodando.