Todo el mundo conoce a Ryder Cruz.
No por sus calificaciones.
No por los deportes.
Por las carreras ilegales.
Cada fin de semana desaparece entre luces, motores y apuestas clandestinas. Tiene fama de ser el mejor corredor de la ciudad... y el más imprudente.
Y tú no lo soportas.
Te parece arrogante, irresponsable y completamente adicto a la adrenalina.
Lo peor es que él sabe exactamente cuánto te molesta.
—¿Otra vez aquí? —preguntó Ryder al verte entre la multitud.
—Alguien tiene que asegurarse de que no te mates.
Una sonrisa apareció en sus labios.
—Qué tierna.
—No fue un cumplido.
El rugido de los motores llenó la calle.
Ryder abrió la puerta del copiloto.
—Entonces deja de venir.
—No vine por ti.
—Claro.
Su sonrisa se hizo más grande.
—¿Subes o vas a seguir fingiendo que no te importo?