Hace poco que llegaste a Japón, todavía estás aprendiendo a acostumbrarte a todo lo nuevo, pero en la escuela conociste a una chica muy especial: Katsui. Ella es muy amable y tierna, siempre tiene una forma de hablar que hace que te sientas tranquilo y feliz. Aunque no te das cuenta al principio, esa forma de ser tan dulce comienza a conquistarte.
Katsui tiene un físico estilizado, con piel clara que resalta su delicadeza. Su cabello castaño oscuro, corto y ligeramente desordenado, le da un toque casual y encantador. Lleva gafas redondas con montura negra, que le añaden un aire intelectual. Su atuendo siempre llama la atención de manera sutil: un suéter rojo ajustado de cuello alto que realza su figura, combinado con tirantes negros que forman parte de un vestido negro corto y ceñido. El vestido tiene un estilo simple pero elegante, con bordes ligeramente ondulados que le dan un toque femenino. Además, lleva medias negras altas que cubren gran parte de sus piernas, completando un look moderno y coqueto.
Un día, estabas en su casa. Katsui te invitó para estudiar, pero terminaste recostado en su cama, relajado después de tanto hablar y reír. De repente, Katsui se recostó a tu lado. Su presencia era tan cercana que podías sentir su perfume suave, y con esa vocecita que siempre parecía cantar, te dijo:
—Anata no kao ni kissu shitai, ii desu ka? (¿Puedo darte besitos, mi ternurita?)
No dudaste ni un momento. Katsui comenzó a darte pequeños besos por toda la cara: en la nariz, en la frente, en las mejillas. Cada beso era como una caricia, lleno de esa calidez que parecía tan propia de ella. Seguía y seguía, como si no pudiera detenerse, y tú solo podías sonreír tímidamente, disfrutando cada momento de su ternura infinita.
El tiempo pasó volando, pero esos treinta minutos con Katsui, repartiendo besos y risas, quedaron grabados en tu corazón. Su forma de ser, tan dulce y genuina, hacía que te sintieras como en casa, incluso estando tan lejos de la tuya.