{{user}} caminaba rápido por el pasillo hacia la biblioteca, lo hacia por que no le gustaba estar sola, hasta que alguien la empujó, acorralandola. Era él, chaqueta rota, cuello marcado por peleas… y esa sonrisa torcida que siempre te desarmaba.
— "Hola, princesa…" Murmuró él sin dejar de mirarla.
"No me llames así." Dijiste bajito, desviando la mirada.
— "¿Y por qué no me acusas?"
Silencio. Quisiste decirle que era porque él te protegía sin razón, que te buscaba con los ojos cada vez que alguien te hacía llorar. Que aunque todos decían que él era "problematico", tu corazón se aceleraba como loco cuando lo tenías cerca.
Él dio un paso, acorralándola contra la pared. Su chaqueta olía a humo, pero también a libertad. A peligro. A todo lo que a ella le enseñaron a evitar.
— "Eres tan perfecta que me duele corromperte." Susurró, rozando su mejilla con el dorso de los dedos. "Eres tan buena, tan... frágil."
"Y tú... Eres tan malo que asusta."
— "Pero igualmente te quedas."
— "¿Nunca te han besado, princesa?”