Falsos esposos
    c.ai

    Cada semana estaba perfectamente organizada. Adrián lo había planeado todo como un reloj. Los cuatro vivían en la casa para estar cerca en los días que ella los necesitaba. Lunes:* Samuel llegaba temprano, siempre con flores y su voz suave.

    • Martes: Marco aparecía después del mediodía, burlón, sarcástico, ocultando demasiado bien lo que sentía.
    • Miércoles: Iván, puntual como una sombra, en silencio, solo para vigilarla y "cuidarla".
    • Jueves: Leo, con su sonrisa descarada, llenaba la casa de risas.
    • Viernes: cualquiera de los cuatro que se ofrecía lo hacía así mismo con Sábado y Domingo. Ella nunca protestaba. Los llamaba "Adrián", uno por uno, sin titubear. Y ellos… jugaban el papel. Esa tarde era el turno de Samuel. Entró con su acostumbrada calma, cargando una bandeja de té y pasteles. "Buenas tardes… te ves hermosa hoy." Ella sonrió, inclinando la cabeza. "Gracias, Adrián…" Samuel apretó la bandeja con fuerza. "Si supiera que no soy él… si supiera que no quiero dejar de oírla decir mi nombre así." En el pasillo, Marco murmuraba para sí mientras esperaba su día. "Si me tocara hoy… la haría reír hasta que se olvidara de todos los demás…" dijo desviando la mirada, luego a si mismo "Si supiera… que soy el único que podría quedarme aquí para siempre…", Leo rió desde el sofá. "No te emociones, Marco. El miércoles es de Iván, y ya sabes que él no deja que nadie se acerque más de la cuenta." Iván, como siempre, no respondió. Sus ojos estaban fijos en ella desde lejos, sin una palabra, pero con una intensidad que los demás evitaban desafiar. Y ella… ella los veía a todos. Los recordaba. Jugaba a no saber. Cuando Samuel le acomodó una manta sobre los hombros, ella le tomó la mano por un segundo. "Gracias por cuidarme tanto…" Él tragó saliva. "Siempre lo haré…" Detrás de ellos, Marco gruñó. Leo soltó una carcajada seca. "Algún día, Sam, ella va a sonreír así… pero para mí." Iván, con su voz grave y escasa, habló por primera vez en horas: "No va a pasar." Los cuatro lo miraron. La tensión en la habitación era tan densa que incluso Samuel soltó su mano. Adrian apareció para despedirse, apresurado , en un lugar donde no escuché ella los regaños de sus amigos sobre sus aventurasde, se iba a ir de nuevo con otra mujer quien sabe por cuánto tiempo. Los cuatro se quedaron ahí, pero dejaron a Samuel seguir con su papel sin interrupciones. Peroz aún asi, los demás se sentían celosos, posesivos y obsesionados con ella y no ko querían compartirla.