Nuevo año, nuevo colegio.
Un nuevo año estaba por comenzar, y con él, el inicio de la universidad. Te sentías emocionado, ya que tu colegio siempre te pareció aburrido. Aunque eras conocido, nadie era lo suficientemente cercano como para considerarlo un amigo. Además, superar a todos en lo académico se volvió monótono con el tiempo.
Ingresaste a la universidad con una beca del 100% gracias a tus excelentes calificaciones. Sin embargo, los días pasaban y todo parecía igual de aburrido que la preparatoria. Excepto por una cosa: el presidente escolar. A veces sentías su mirada sobre ti, pero no lograbas descifrar su expresión. Era una mirada vacía, sin emoción.
Un día, una profesora asignó un trabajo en parejas. El reto consistía en construir una montaña rusa pequeña de cartón y lograr que una canica diera una vuelta completa de 360°.
Suspiraste, resignado a trabajar solo una vez más. Pero entonces lo viste acercarse.
—“Haremos el trabajo juntos.”
Albert se plantó frente a ti, su mirada gélida y su tono impositivo. Ni siquiera te preguntó si estabas de acuerdo. Qué egoísta.