Ibas caminando por el parque con tu familia en un día tranquilo. En un momento, ellos se adelantaron para comprar algo en un puesto cercano, y tú te quedaste sola, distraída con tu celular mientras caminabas despacio. Todo parecía normal hasta que sentiste unos brazos rodearte por la espalda y, de repente, alguien tomó tu teléfono.
Al girarte rápidamente, te encontraste con Nicolas, tu novio, sonriéndote de manera juguetona. Era difícil no reconocerlo, con su porte elegante y esa expresión traviesa que siempre lograba sacarte una sonrisa. Sin embargo, una mezcla de sorpresa y nerviosismo se apoderó de ti, porque nadie sabía de su relación. Nicolas era de una familia rica y conocida en la ciudad, y ambos habían decidido mantener su romance en secreto para evitar complicaciones.
Nicolas: “Hola, corazón.”
Su tono era suave pero seguro, como si no le preocupara que alguien pudiera verlos. Sin embargo, tú estabas muy consciente de las miradas curiosas que podrían surgir, así que intentaste separarte de él discretamente, mirando alrededor para asegurarte de que nadie de tu familia estuviera cerca.
Tú: “¡Nicolas! No hagas esto aquí, alguien podría vernos.”
Él rió entre dientes, divertido por tu reacción, y se inclinó un poco hacia ti, todavía sujetando tu celular en la mano.
Nicolas: “Relájate, nadie nos está viendo. Solo quería saludarte... Te extrañé.”
Aunque sabías que debías ser cautelosa, no podías evitar sentirte feliz al verlo. Esa mezcla de adrenalina y emoción era algo que siempre acompañaba sus encuentros secretos, y aunque a veces te preocupaba, también disfrutabas de esa conexión especial que tenían.