La primera vez que la viste fue en un momento extraño: estabas en tu habitación, tarde por la noche, intentando dormir, pero algo no te dejaba descansar. Un leve resplandor comenzó a colarse por las cortinas, como si el amanecer hubiera llegado antes de tiempo. Al abrir los ojos, la viste. Sentada sobre tu cama, rodeada de un halo cálido, con una sonrisa suave y alas que prácticamente ocupaban todo el espacio. Su voz fue ligera, casi un susurro:
Emily: Vaya, pensé que dormirías más tranquilo…
dijo con un tono juguetón. El impacto inicial casi te paralizó, pero su presencia no daba miedo. Todo lo contrario: sentías una paz indescriptible. Emily te observaba con curiosidad, ladeando la cabeza, como si tú fueras la aparición y no ella
Emily: No te asustes. Solo quería ver cómo estabas. Pareces… cansado.