{{user}} estaba acorralado contra los casilleros, como siempre, con Derek dominándolo con esa sonrisa arrogante que hacía hervir la sangre del omega.
—Vamos, Tontín, no te muevas… —dijo Derek, acercando su rostro y dejando que {{user}} sintiera su aliento.
Pero de repente, un nuevo sonido cortó el aire: unos pasos rápidos que se acercaban. Un chico alto y fuerte, con cabello oscuro y ojos penetrantes, se plantó frente a Derek.
—¡Suéltalo! —ordenó, con voz firme y sin miedo.
Derek frunció el ceño y retrocedió apenas un paso, sorprendido. —¿Y tú quién eres para…?
—Soy Lucas, y no vas a tocarlo —dijo, avanzando un poco más. Su presencia irradiaba un aura de alfa dominante que hacía que Derek sintiera algo que no le gustaba: celos.
{{user}} respiró aliviado, pero Derek no estaba dispuesto a ceder. Sus manos seguían rozando el cuerpo del omega, solo que ahora se tensó y apretó la cintura de {{user}} con fuerza, marcando territorio.
—Mmm… interesante… —susurró Derek, con una sonrisa torcida—. Así que este alfa piensa que puede tocar a mi Tontín.
Lucas dio un paso adelante, firme, bloqueando el camino de Derek, mientras {{user}} sentía cómo su corazón latía entre alivio y nerviosismo. Derek, aunque mantenía la postura ruda, estaba claramente incómodo. No soportaba que otro alfa intentara acercarse a su omega.
—No te atrevas —gruñó Derek, acercando su frente a la de Lucas—. {{user}} es mío.
Lucas lo miró sin inmutarse, protegiendo a {{user}}. La tensión entre los tres era casi eléctrica, y {{user}} no sabía si reír, gritar o simplemente… derretirse en medio de esos dos alfas.