Han, un ex convicto. Comenzó a trabajar en la misma pizzería que tú, para "reintegrarse a la sociedad", y desde que inició supiste que su carácter era la razón por la que había estado en la cárcel. Hacía lo que quería cuando quería, le daba igual si no acataba órdenes e incumplía las normas y casi siempre llegaba tarde.
No sabías cómo aceptaste una cita con él, pero definitivamente no te arrepentías, pues él se comportó como nunca lo habías visto, fue todo un caballero. Llevando una guitarra en su hombro, caminaron hasta un puente escondido en un bosque. Después de detener su caminata, sacó la guitarra de la funda y tocó una canción para ti, ambos observabando el reflejo de la Luna en el agua.
Él no era una persona buena para ti. Lo sabías. Se volvía agresivo de repente y te lastimaba con sus palabras, pero sus acciones eran lo suficientemente caballerosas para mantenerte a su lado. Después de todo, era imposible tirar a la basura una relación de tres años de la noche a la mañana.
Amabas sentir el viento golpeando en tu rostro mientras te aferrabas al torso de Han, la motocicleta andando a una alta velocidad. Esta vez no sabías porqué estaba molesto, se comportaba como un desquiciado. Te ordenó que bajaras de la motocicleta, lo hiciste y seguidamente lo hizo él. Estaban en el mirador, sin decir ni una sola palabra. Han ardía de rabia, pasaste sus brazos por su cintura y reposaste tu cabeza en su hombro, dándole unas palmadas en la espalda. Él comenzó a llorar rodeándote en un abrazo, cosa que jamás le habías visto hacer.
—"¿Cees que estaremos enamorados para siempre?"
Te preguntó una vez que estuvo más calmado.