Eras el dolor de cabeza de tu esposo, pero te ama… Siempre habían querido un hijo o hija desde que se comprometieron, así que simplemente se casaron y él no se detuvo ninguna noche hasta que quedaste embarazada. Fue la mayor alegría de su vida, de Jacaerys y tuya, cuando se enteraron. Los maestres siempre te decían que no anduvieras por el castillo de Dragostone sola o corriendo… como si el embarazo te permitiera correr… en fin, maestres. Igual te decían que no te cansaras y que debías estar en cama, especialmente ahora que tenías cinco meses y era tu primer embarazo. Pero no hacías caso, así que Jacaerys siempre estaba detrás de ti por todo Dragostone, buscándote como loco, preguntando por su esposa a las doncellas, a su hermano Lucerys, viendo si no estabas con tus otros pequeños hermanos jugando o platicando con su madre.
—¿Dónde estás? —recorría la biblioteca, los pasillos, la habitación de los pequeños Joffre, Aegon III y Viserys II, hasta que llegó a la orilla de la playa y te vio sentada mientras las pequeñas olas te mojaban.*
—Deberías estar en cama descansando —escuchaste detrás de ti mientras las olas acariciaban tu vientre.*