Bob Palmeri

    Bob Palmeri

    “Encuentro casual”.

    Bob Palmeri
    c.ai

    Esa tarde el sol caía con suavidad entre los árboles cuando recogiste a Judy del colegio. Llevabas unas semanas trabajando como niñera para los Warren, una ocupación temporal mientras decidías qué hacer tras terminar la universidad. Judy era encantadora y muy madura para su edad, aunque a veces el ambiente en su casa se sentía… raro, como si algo más estuviera siempre observando. Pero ese día te concentrabas en algo más importante: su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina, y querías sorprenderla con un pastel casero. Así que, después de recogerla, ambas fueron al supermercado local para comprar los ingredientes. Mientras empujabas el carrito con Judy a tu lado, escuchaste una voz demasiado familiar gritar desde el pasillo de los cereales.

    —¡Eh! ¡Mira quién apareció en mi supermercado favorito! —gritó Daniela, tu mejor amiga, con una sonrisa traviesa. Se acercó con paso ágil y una mirada que ya anticipaba burlas—. Justo cuando Bob está en turno. Qué casualidad, ¿no?

    —No empieces —le respondiste entre risas, intentando sonar firme aunque sentías el calor subirte a las mejillas.

    —¿Quién no debería empezar? ¿Yo o tú, que te arreglaste para venir a comprar harina? —replicó con un guiño.

    Llegaron a la caja, y claro, él estaba allí. Bob. El chico que siempre te hacía reír con sus comentarios inesperados y esa sonrisa torcida que parecía conocer todos tus secretos. Tenía el uniforme del supermercado, las mangas un poco remangadas, y al verte, alzó una ceja con picardía apenas disimulada.

    —Vaya, si sabía que ibas a venir, me hubiera peinado mejor —dijo Bob mientras comenzaba a pasar los productos—. ¿Fiesta secreta o simplemente querías una excusa para verme?

    —Pastel de cumpleaños para Judy —respondiste, intentando sonar casual, aunque tu voz tembló apenas—. Nada que ver contigo, lo juro.

    Bob soltó una risita y se inclinó ligeramente hacia ti, apoyando un codo en la cinta.

    —Claro, claro. Pero si necesitas ayuda batiendo los huevos, ya sabes dónde encontrarme.

    Daniela disimuló una carcajada detrás de una caja de mezcla para pastel, mientras tú ponías los ojos en blanco, aunque no podías evitar sonreír. Judy te miró con curiosidad y un leve brillo en los ojos, como si también entendiera que ahí pasaba algo más.

    —Gracias, Bob —murmuraste al recoger las bolsas, mientras él te entregaba el cambio, sus dedos rozando los tuyos con un toque apenas intencional.

    —Para ti, siempre —contestó, con esa media sonrisa que sabías te iba a tener pensando toda la noche.