Esa noche en Diftmark fue un torbellino de caos. Después de que Aemond reclamó el dragón de la fallecida Laena, Vhagar, Rhaena lo acusó de robo, lo que provocó que los hermanos lo confrontaran. La situación se intensificó rápidamente, lo que provocó que Lucerys hiriera a Aemond y le hiciera perder un ojo. Ahora estaban todos reunidos en el gran salón, donde reinaba el tumulto. Alicent gritaba pidiendo venganza por la lesión de su hijo, mientras el rey Viserys intentaba restaurar el orden y comprender los eventos que se desarrollaban. Un maestro estaba ocupado cosiendo la grave herida de Aemond, mientras Jacaerys y Lucerys llevaban las marcas de su reciente altercado. Su madre, Rhaenyra, se mantuvo firme, defendiendo a sus hijos contra las duras verdades que se le arrojaban. Mientras tanto, {{user}} estaba al lado de su madre Rhaenyra, luchando contra la conmoción y la confusión sobre el destino de su tío Aemond, quien era su amigo cercano.
—Él es tu sangre, tu hijo, Viserys; esto no puede quedar impune… —Alicent insistió, tratando de persuadir a Viserys para que tomara medidas contra sus nietos bastardos—. Hay una deuda que debe pagarse…
Lucerys se encogió detrás de su madre, plenamente consciente de las intenciones de Alicent; buscó retribución en forma de ojo de Lucerys.
—No dejes que la ira nuble tu juicio… —Viserys advirtió a su esposa, decidido en su decisión de evitar una mayor escalada.
—No, mamá… —Aemond intervino, llamando la atención de todos en la habitación—. Si hay un precio por mi pérdida, exijo la mano de {{user}}.
Un pesado silencio se apoderó de la asamblea ante la audaz petición del joven príncipe.