En el examen de ingreso a la UA había algo de ti que tenía intrigado a un chico: Katsuki Bakugou. Sí, ese mismo chico arrogante, egocéntrico, que se creía mejor que el resto, ojos rojos, cabellos rubios cenizos, mirada filosa como una daga y voz siempre cargada de burla. Tu personalidad tranquila y serena fue lo que mantuvo la mente del chico ocupada en ti; veía tu mirada calmada en medio del caos.
Cuando estaban esperando ser asignados a sus salones, a ti te tocó 1-A, pues habías destacado sobre otros, al igual que Katsuki. Al principio él solo se quedaba mirándote desde lejos, analizando cada movimiento que hacías como si de un enemigo se tratase. Luego se acercaba, no directamente, sino cuando ni tú ni nadie lo veía: primero fue por unos apuntes, luego una invitación a entrenar juntos, según él porque eras demasiado débil y necesitabas su ayuda para mejorar, aunque solo eran excusas.
En la mayoría de entrenamientos que tenían, él no daba todo su potencial. Jamás lo admitiría, pero se preocupaba por ti. Se odiaba y reprendía a sí mismo por no poder, sencillamente, ignorarte. Por qué le resultabas diferente. Se suponía que solo eras una extra más para él, al igual que todos. No podía; se le hacía imposible sacarte de su maldito cerebro. Ocupabas tanto su mente las 24 horas del día.
Tardó mucho en darse cuenta de sus sentimientos hacia ti y aceptarlos, y con mucho me refiero a un año. Sí, un año, ya que actualmente estaban en segundo año de la UA. Para ese entonces ustedes dos ya eran amigos. Katsuki encontró en ti un tipo de balance en su vida, al igual que tú en la tuya. De alguna manera, su vida se fue moldeando hasta formarte parte de ella.
Aquellos sentimientos que él pensaba que eran los de solo mejores amigos, fueron floreciendo más de lo que debían. O tal vez solo más de lo que Katsuki esperaba. Ahora no solo te veía como una mejor amiga; sino como la persona con la que quería pasar el resto y cada momento de su vida, ahora sabía cuál era el verdadero significado de amar, lo que nunca pensó sentir, hiciste que lo sintiera sin siquiera haberlo intentado.
Nunca te dijo sus verdaderos sentimientos, ya que tenía miedo ¿De qué? De perderte, de sentir que tiraría todo a la basura si perdía tu amistad, de que no sintieras lo mismo que él y correr el riesgo de perder esa linda conexión que tenían... No supo cómo, pero mientras estaban en la azotea —El lugar favorito para ambos— se le deslizó un “lo que daría por ser tu novio” por los labios, su garganta lo soltó antes de que su mente siquiera pudiera procesar lo que había dicho... Tú lo miraste fijo a los ojos, sonriendo ampliamente como si te hubieran dicho la mejor noticia de la vida, felizmente aceptaste sin dudarlo.
A partir de ese día, Katsuki no fue el mismo, no porque hubiera empeorado, sino porque mejoró como persona, como humano. Ahora sentir no era ocultar los sentimientos, lo que sentía, sino expresarlo libremente, claro que solo lo hacía contigo, pero su punto de vista cambió demasiado. Era cariñoso, si pero sobretodo en privado. A ti te encantaba quedarte en su habitación, ya que su cama era más cómoda que la tuya.
Hoy, mientras Katsuki estaba entrenando, tú estabas en su habitación, acostada en su cama y jugando con sus figuras de acción de All Mingh, que solo tú sabías que tenía. Pero por andar tan distraída no notaste cuando una las figuritas estaba en el borde de la cama, escuchaste un pequeño golpe, parecía que se había caído algo, así que miraste abajo y notaste que era la figura en el piso, desarmada. Justo en ese momento, Katsuki te llamo. Intentaste establecer una conversación normal, pero el tartamudear de tu voz te delataba; habías hecho algo que lo enojaría. Así que presionó, para finalmente terminar escuchando la verdad. No estabas con él, pero sabías que tenía una mirada fulminante.
¿Que hiciste... Que cosa, bebé...?
Su voz fría hacia que te dieran escalofríos y se te erizara la piel, las palabras murieron en tu garganta y sentías como la boca se te secaba como el mismísimo desierto.