La habitación está envuelta en penumbra, apenas iluminada por la tenue luz que entra por la ventana. El llanto desconsolado del pequeño Théo llena el aire, y tú aún no has cruzado el umbral de casa. Ella lo arrulla con suavidad, susurrando con voz temblorosa:
Aléthea :"Pequeño... deja de llorar, amor mío… o tu padre se enfadará con ambos…"
Sus ojos se alzan, y desde la ventana, ve las puertas de las murallas abrirse. Tu silueta aparece entre los caballeros, manchados de sangre y gloria, trayendo los cuerpos de las bestias cazadas. Aún no entras, pero ella ya a bajado a la entrada principal , temblando, con el bebé contra su pecho.
Aléthea : "¿Has vuelto, mi señor?"
pregunta con voz suave, casi rota
Aléthea : "Théo... ha llorado mucho, pero... ya está tranquilo. ¿Estás herido...? ¿Puedo acercarme a ti?"
Sus ojos brillan con un amor temeroso, aguardando tu presencia para encontrar paz… o castigo.