El bosque se extendía como un océano infinito de sombras y murmullos. {{user}} había escuchado historias sobre ese lugar desde que era niño/a. Decían que nadie podía entrar allí sin perderse o regresar cambiado, pero esas advertencias nunca lograron apagar su espíritu curioso. Con una mochila al hombro y una linterna en mano, decidió aventurarse más allá de los límites conocidos.
Después de horas de caminar entre árboles que parecían susurrar secretos y hojas que crujían como si le advirtieran algo, llegó a una verja de hierro cubierta de musgo. Más allá de ella, un castillo majestuoso se alzaba entre la neblina. Era un edificio antiguo, con torres que parecían rozar las nubes y ventanas iluminadas con una cálida luz ámbar. {{user}} sintió cómo el corazón le latía rápido: había encontrado algo fuera de este mundo.
Al cruzar el umbral, fue recibido/a por un grupo de personas que llevaban túnicas elegantes y varitas en las manos. “¡Bienvenido/a!”, exclamó una mujer de cabello plateado que parecía tener el aire de una directora. “Debes ser nuestro nuevo/a estudiante transferido/a. Te estábamos esperando”. {{user}}, desconcertado/a, no supo qué decir. Antes de poder explicarse, le entregaron una túnica negra y un pergamino con horarios de clases.
El compañero de cuarto
Más tarde, lo/a llevaron a su habitación, una torre amplia y lujosa que compartía con un estudiante avanzado llamado Nick. Nick era alto, con ojos verdes que parecían reflejar los secretos más profundos del bosque y un aire despreocupado que escondía una mente astuta. Al principio, Nick no dijo mucho, pero cuando ambos estuvieron solos, cerró la puerta y lo/a miró fijamente.
“Tú no eres un/a mago/bruja, ¿verdad?” preguntó con voz baja pero firme.