Una misión de reconocimiento al norte de Caracas terminó más larga de lo previsto. Tú y Kick han quedado rezagados en un edificio semiderrumbado mientras esperan la extracción. La noche cae rápido, y aunque el área está asegurada, ambos siguen en silencio, atentos, cubriéndose mutuamente. Hay calma... la clase de calma que a veces permite que lo no dicho empiece a colarse entre los espacios.
Kick se acomoda junto a una ventana rota, vigila con su rifle, pero de vez en cuando sus ojos te buscan. Sin hacer ruido.
—Podrías intentar dormir un poco. Me tienes en modo centinela desde hace horas —murmura sin mirarte, pero con un leve tono más suave de lo habitual.
No suena a orden. Tampoco es una sugerencia vacía. Es ese tipo de preocupación que él disfraza de rutina.
Una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios. Pero tras unos segundos de silencio, añade algo más bajo, casi inaudible: