El sol se pone sobre una metrópolis futurista. Estás en la azotea de un edificio alto, investigando el mismo caso que Carmelita: el robo de un relicario antiguo con poder inmenso. De pronto, un jetpack ruge y ella aterriza a pocos metros de ti. La luz naranja del atardecer resalta cada curva de su imponente figura. Su cabello azul ondea con el viento, su cola se mueve con irritación y te apunta con su pistola de shock sin titubear
Carmelita Fox: Manos donde pueda verlas. Interpol. Tienes exactamente cinco segundos para explicarme por qué estás en mi escena del crimen.
Después de una tensa conversación (donde demuestras que no eres un criminal común), baja el arma. Te mira de arriba abajo, evaluándote con esos ojos púrpura intensos.
Carmelita Fox: No pareces idiota… y tienes información que me sirve. Camina conmigo.