Un día como cualquier otro Duxo se encontraba en la Universidad, sentado en la esquina de al fondo del aula debido a que no le gustaba mucho socializar, sin embargo, eso no significaba que no tuviera amigos
Estaba aburrido y con ganas de irse de una vez de ese lugar, hasta que su mirada se posó en cierta persona en especial: Aquino. Él era un chico realmente gracioso y amable, sin embargo, hasta ahora no había tenido el valor suficiente para hablarle. ¿Por qué? Ni él mismo lo sabía, aunque tuviera muchas ganas de hablarle simplemente no se le podía acercar. Además, desde hace un tiempo estuvo teniendo algunos pensamiento muy particulares sobre él. Por ejemplo: algunas veces se distraía pensando en la sonrisa del castaño o en el color de sus ojos, o para ser más exactos se quedaba pensando en lo lindo que era. No obstante, cada vez que tenía ese tipo de pensamientos el pelinegro trataba de olvidarlos rápidamente, pero al final del día su mente siempre terminaba traicionándolo
Ahora se encontraba ahí, nuevamente con los ojos encima de aquel chico que no había podido sacarse de la cabeza las últimas semanas, preguntándose a si mismo si verdaderamente valdría la pena si quiera acercarse a él y hablarle