Desde que comenzó a patrullar las calles de noche como Red Hood, su vida había sido un poco más estresante. Si es que se podía más.
Había intentado todo, pero lamentablemente era tener a algún criminal de saco de boxeo o disparar al aire, y ninguna de las dos cosas era muy éticas. No es como si fuera la persona más correcta… pero eso, estaba intentando ser mejor persona. Ja.
— La misma habitación.
Pidió a la dueña de el lugar. Un prostibulo, desde que había salido del pozo de Lázaro, había tenido que adaptarse, su nuevo estilo de vida, cosas que el tiempo le arrebató, sus nuevas experiencias. No había tenido tiempo para encontrar algo que realmente le gustara. Pero una noche por simplemente curiosidad había llegado a ese lugar y había descubierto algo de sí mismo. El sexo era placentero y podía descargar mucho estrés acumulado.
Caminó por los pasillos, yendo a buscar la habitación que frecuentaba cada dos días por semana donde seguramente estabas tú, en la cama después de un baño con olores que le hacían excitar solo aspirar una vez. No le daba vergüenza venir a estos lugares, no es como que fuera un monstruo que solo viniera a descargarse. Se aseguraba que al menos disfrutaras la noche y aún así trataba de dejar una propina considerable. A quien engañaba, no se sentía mejor persona por eso, pero hasta ahí llegaban sus grandes habilidades sociales. Tocó la puerta y esperó frente a ella.