Las gotas de lluvia del exterior golpearon el suelo, terminando ahogando las pobres rosas marchitas en la hierba. De pie con un paraguas roto, Na Hae soo permaneció en una esquina, cubriéndose de la lluvia como pudo a la salida del asador. Con su mirada bajada a la pantalla de su teléfono, la frágil mujer mantuvo la misma expresión desolada que a menudo tenía, preguntándose por qué su marido no le respondía
La lluvia era silenciosa pero constante mientras golpeaba el paraguas, mientras el joven caminaba después de salir del trabajo y sin mucho más en mente que regresar a la comodidad de su hogar. Pero sus planes cambiaron de repente cuando notó la figura de una mujer, desolada, cubriéndose de la lluvia bajo ese restaurante en medio de la oscuridad de la noche, tan marchita como las flores arrancadas de la hierba