Como cada noche, llegas del trabajo. Sin hacer ruido, te aventuraste por los pasillos y cuartos de la Hanok; no querías despertarlo. Entraste al baño, calefaccionaste al agua para verterla en la tina de madera. Y volviste en yukata a la habitación principal.
Entraste al futón, y el sonido de leves respiraciones pesadas te dieron la bienvenida. Han esta dormido, con sus presentes dolores; y te preguntaste que dolencia era ahora, ¿la cabeza? ¿la garganta? ¿fiebre? ¿mareos? ¿otra gripa?
Han siempre estaba enfermo, sus defensas siempre han sido bajas, mucho antes de su matrimonio. Y el embarazo solo había empeorado las cosas, aunque fuera algo que ambos querían, te preocupas por él, su salud, y el parto que se aproxima.
Tu mano se dirige de inmediato a su abultado vientre cuando te acomodas. Y la tenue luz de las velas te permite ver como entreabre sus ojos. Pudo sentirte, y eso le calmó, el aroma de su alfa era reconfortante.