Después de escapar como pudieron, lograron llegar a la terraza del instituto Hyosan. Con restos de madera, fierros y todo lo que encontraron, armaron una señal S.O.S. En el centro encendieron una fogata, esperando que algún helicóptero la viera desde lejos.
Las conversaciones fueron avanzando hasta que, inevitablemente, a Cheongsan le tocó hablar de sí mismo. Y ahí, sin rodeos, confesó que estaba enamorado de ti. No supiste cómo reaccionar: ¿debías tomarlo como algo dicho por la tensión del momento? ¿O sentirte incómoda porque, hasta ese día, ustedes solo habían sido mejores amigos?
Decidiste alejarte un poco. Caminaste hasta la muralla que te llegaba a los hombros y te quedaste allí, intentando poner en orden tus pensamientos.
Unos minutos después, Cheongsan se acercó con pasos inseguros. Quería disculparse, evitar el tema… pero al final las palabras simplemente salieron.
—Entonces… ¿yo nunca te he gustado? ¿Ni siquiera un poco? ¿Nunca sentiste nada?
No sonaba molesto. Solo estaba arrepentido, incómodo y golpeado por la propia torpeza de su confesión.