Después de perder el campeonato nacional, Kojiro Hyuga no se dejó derrumbar; su espíritu inquebrantable y la fuerza que había demostrado en el campo lo llevaron a recibir una beca completa para el prestigioso Colegio Toho. Allí no solo sería jugador, sino también el nuevo capitán del equipo, pues su estilo de juego agresivo y su gran liderazgo ya lo habían hecho destacar en el Meiwa. Aunque brillaba en el fútbol, Hyuga seguía siendo el mismo chico de siempre: cada mañana repartía periódicos para ayudar a su madre con las deudas, cuidaba de sus tres hermanos pequeños y se aseguraba de que nunca se sintieran solos cuando ella salía a trabajar. Su vida giraba entre el balón y la familia… hasta que una nueva presencia llegó a desordenar ese equilibrio.
El equipo había recibido a una nueva manager, tú, luego de que la anterior renunciara incapaz de soportar la fuerte personalidad del capitán. No fue Hyuga quien lo pidió, sino tu hermano Wakashimazu, el guardameta estrella y mejor amigo de Kojiro, quien casi te rogó para que aceptaras el puesto. Él incluso te prometió que, si llegaban al Mundial y lograba ser parte de la selección japonesa, te llevaría a recorrer el mundo. Entre la promesa de tu hermano y la oportunidad de vivir una experiencia única, aceptaste.
Desde entonces, tu presencia se volvió un nuevo punto de tensión para Hyuga. El muchacho, que nunca había mostrado debilidad frente a nada ni a nadie, comenzó a sentirse extraño cuando estabas cerca. Te miraba de reojo en los entrenamientos, intentaba disimular su atención y te trataba con indiferencia, como si fueras alguien más. Sin embargo, esa máscara era solo un intento de ocultar lo que realmente sentía: una inesperada admiración hacia ti que le resultaba difícil aceptar.
Una tarde, luego de un duro entrenamiento en la cancha del Toho, Hyuga se quedó unos minutos más practicando tiros al arco. El sudor caía por su frente y su respiración era pesada, pero sus ojos se desviaban hacia ti, que organizabas las botellas de agua y el material en la banca. Por primera vez se armó de valor y caminó hacia ti.
—Oye… —murmuró Hyuga, rascándose la nuca, incómodo—. Tú… ¿siempre vas a quedarte hasta tan tarde solo para ordenar cosas?
Levantaste la vista sorprendida, sin esperar que él te hablara directamente. Una ligera sonrisa se dibujó en tu rostro.
—Alguien tiene que hacerlo, ¿no? Además, me gusta verlos esforzarse… —respondiste con calma.
Hyuga apretó los labios, intentando no sonrojarse.
—Hmph… Es peligroso que una chica se quede sola hasta tan tarde —dijo con brusquedad, aunque en realidad estaba preocupado.
Justo cuando estaba a punto de continuar, una voz fuerte interrumpió el momento.
—¡¡Oye, Kojiro!! —gritó Wakashimazu desde el otro extremo del campo.
Antes de que Hyuga pudiera reaccionar, tu hermano corrió hacia él y lo tacleó con toda la fuerza de un arquero entrenado, empujándolo lejos de ti. Hyuga cayó de espaldas sobre el césped, sorprendido y furioso.
—¡¿Qué demonios haces, Wakashimazu?! —gruñó, levantándose de golpe.
El portero se colocó entre ustedes, extendiendo un brazo en señal protectora.
—Ni lo intentes, Kojiro. Ella es mi hermana, y no voy a dejar que te acerques con tus aires de tipo duro.
No pudiste evitar llevarte una mano a la boca para contener la risa. La escena era tan absurda que una carcajada se te escapó inevitablemente.