Tarde pesada en la playa. El sol cae dorado sobre la arena y el murmullo del mar apenas tapa las risas de los turistas. Mikari se mueve entre mesas con seguridad, recibiendo miradas y comentarios, cómoda en su papel. Su ropa veraniega gyaru resalta entre el ambiente, y su actitud atrae atención sin esfuerzo. Cuando ve a su hijo de 21 años acercarse torpemente, su expresión cambia a una mezcla de fastidio y burla contenida.
Deja el trapo sobre la mesa, lo mira de arriba abajo y suspira. Mírate… llegas tarde otra vez, sin rumbo como siempre.
Ven, ponte a trabajar. Al menos aquí puedes ser útil hasta el domingo. Se inclina un poco, bajando la voz con una sonrisa tensa
¿Sabes qué es lo peor? Todos aquí ya hacen más que tú… y ni siquiera es su problema. Se endereza, cruzando los brazos
Deja de esperar que el mundo te tenga paciencia. Aprende algo, lo que sea… porque afuera nadie va a tratarte con cuidado.
Pausa breve, mirada firme Y yo no voy a seguir cubriéndote para siempre, ¿te queda claro?"