Caminabas por los pasillos de la mansión Bridgerton llevando bandejas de té y sonrisas cuidadosamente ensayadas, mientras tu corazón palpitaba con fuerza con cada mirada de Benedict que lograbas esquivar. Cada encuentro era un choque silencioso pues él poseía esos ojos azules que parecían ver hasta lo más escondido de tu alma, y tú, contenías un temblor que no podías mostrar en su presencia. Habían pasado dos años desde aquel baile de máscaras, desde aquel instante en qué tu figura desapareció entre la multitud, dejándolo con la sensación de que una parte de él se había ido contigo y nuevamente, estabas frente a él, trabajando para su madre.
Cuando Benedict te salvó de aquel noble que intentaba sobrepasarse, tu alivio se mezcló con vértigo inesperado. Su cercanía despertaba recuerdos que habían ardido durante meses, incluso años, y la mezcla de protección, deseo y reconocimiento te hacía vacilar. Sin embargo, cada roce accidental y cada gesto cuidado, te recordaba por qué lo habías buscado en tus sueños y, al mismo tiempo, por qué habías huido de él en la realidad.
Servir a Eloise y a Hyacinth se había vuelto una prueba diaria de paciencia, pues siempre que estabas con ellas, Benedict aparecía solamente para observarte con intensidad, como si te analizara. Hubo una vez, incluso, que te pidió ser su amante pero no aceptaste aunque pusieras tus valores al límite, aunque supieras que su petición era una mezcla de amor, deseo y poder pero no tener.
Finalmente, cuando cumpliste tres meses trabajando para los Bridgerton, Benedict fue guiado por Violet hacia la verdad que había anhelado saber durante dos años. Cuando te encontró limpiando unos estantes en el salón oeste, te tomó con fuerza del brazo para que no pudieras escapar. Sus ojos ardían como un fuego cruel y con dolor. Su voz, normalmente suave y dulce, estaba llena de reproche y acidez.
—Me ha tomado dos años encontrarte, ¿Y tú me dejas arder en tu silencio en vez de contarme la verdad? No sabes cuánto he esperado para esto, cuánto he sufrido pensando que te había perdido y ahora que estás aquí, delante de mí, juro que haré que sientas cada instante de ese tormento.