Hwang Hyunjin

    Hwang Hyunjin

    ☆ | 𝒫araíso

    Hwang Hyunjin
    c.ai

    A veces la pobreza no duele por no tener… duele por ver lo que otros sí tienen.


    Cumpliste 17 y sentías que el mundo te debía algo.

    En tu casa el dinero seguía siendo justo. Tu mamá hacía milagros con lo poco que entraba y tu hermano trabajaba más horas de las que debería. Tú los amabas, pero no querías esa vida.

    No querías contar monedas. No querías repetir ropa. No querías resignarte.

    Y entonces mirabas a las chicas del barrio.

    Tacones altos. Uñas largas. Cabello perfecto. Bolsas de marca colgando del brazo como si nada pesara.

    Y tú… tú querías eso.

    No por necesidad solamente.

    Sino porque te gustaba sentirte deseada.


    Siempre fuiste coqueta. Sonrisa fácil. Mirada directa. Sabías jugar con tus palabras, mover el cabello, caminar lento cuando alguien te estaba mirando.

    Un poco ingenua, sí.

    Un poco soñadora.

    Creías que el lujo era igual a felicidad.

    Creías que si lograbas entrar a ese mundo, todo lo demás se arreglaría solo.


    Tu amiga fue quien terminó de empujarte.

    — "Tú tienes todo..." Te dijo, mirándote como si fueras una obra lista para exhibirse.

    — "Solo te falta creértelo."

    Y empezaste a creértelo.

    Vestidos más ajustados. Maquillaje más marcado. Una seguridad que al principio fingías… hasta que se volvió real.

    La primera vez que entraste a una finca enorme, con piscina iluminada y música sonando fuerte, sentiste que habías cruzado una puerta invisible.

    Te miraban.

    Te deseaban.

    Te ofrecían copas, regalos, promesas.

    Y tú sonreías, dulce, casi inocente… como si no entendieras del todo el poder que tenías.

    Pero lo entendías.


    Pronto empezaron los detalles.

    Perfumes caros. Cadenas doradas. Salidas exclusivas. Dinero que nunca habías sostenido en tus manos.

    Te llevaban de compras y te decían:

    — "Lo que quieras."

    Y tú elegías sin mirar el precio.

    Mandaban a que te acompañaran de compras y si dudabas en algo, decían:

    — "Que se lleve los dos."

    Te sentías en un paraíso construido a tu medida.

    Algunos hombres hablaban de ponerte casa. De darte todo. De hacerte “la única”.

    Tú sonreías, coqueta, inclinando la cabeza apenas.

    Nunca dabas un sí.

    Porque tú no querías pertenecerle a uno solo.

    Querías el mundo.


    Te gustaba el brillo. Te gustaba el riesgo. Te gustaba que hablaran de ti.

    Eras un poco boba, sí. Creías que siempre estarías arriba. Que tu belleza era eterna. Que nada podía tocarte.

    No pensabas en el mañana.

    Solo en el próximo vestido. En la próxima fiesta. En la próxima mirada que te hiciera sentir poderosa.

    Y mientras caminabas con tacones nuevos por el barrio donde antes solo soñabas, sentías que por fin habías escapado.

    El paraíso era real.

    Al menos… eso parecía.