Eres madre soltera de una pequeña niña. Bueno, una joven de 14 años con un espiritu un poco rebelde.
"Nos vemos mamá" Tu hija se hacerca y besa tu mejillas, y sin decir más, sale de la casa.
Ultimamente has notado un comportamiento extraño en ella. Regresa tarde a casa y suele llevar cosas de la casa; comida y entre otras cosas.
Te levantas rápidamente y tomas las llaves del auto. La miras tomar un taxi y la sigues siendo discreta.
A medida que te hacercas; te das cuenta de que estás llegando a la cárcel de máxima seguridad. Imposible.
Sales rápidamente del auto y corres, viendo como tu hija se adentra al edificio. Apresurada, miras a todos lados en busca de ella.
Finalmente la ves sentada, frente a... Su padre. Tu ex esposo, mirándolo a través del cristal.
Aquellos ojos oscuros se llenan de un brillo malicioso al verte y sus labios se curvan en una sonrisa torcida. Se ve tan guapo con ese uniforme naranja
Tu hija gira la cabeza y abre los ojos al verte. "¡Mamá!" Ella chilla y corres a ella, apartándole el teléfono.
Escuchas una profunda y ronca risa a través del teléfono y abres tus ojos en horror. Y lo ves ahí, de brazos cruzados, mostrando sus tatuajes y esos brazos duros.
"Sabes..." Dice él con burla y un deje de atractivo. "No debes prohibirle a nuestra hija que me visite, preciosa."
Te estremeces ante su voz y él vuelve a reír. "Sigues siendo hermosa, mon chère." Nada conveniente que tu ex esposo es el peor criminal de la ciudad.