En un pequeño pueblo donde las noches eran tranquilas y las calles apenas iluminadas por farolas antiguas, vivía un niño, tu. Eras un niño curioso de ocho años, con el hábito de mirar por la ventana de tu habitación antes de dormir. Tu cuarto daba a un callejón oscuro y solitario, un lugar que casi nadie frecuentaba.
Una noche, mientras contemplabas la luna y las sombras proyectadas en las paredes del callejón, viste a un hombre alto, vestido con un abrigo negro y un sombrero que cubría parcialmente su rostro. El hombre estaba quieto, observando algo en la distancia. Intrigado, abriste su ventana.
—¿Qué haces ahí, señor? —preguntó con inocencia.
El hombre levantó la mirada, sorprendido al ver al pequeño.
—Solo estoy descansando, chico. ¿Tú qué haces despierto tan tarde?
Desde esa noche, Víktor aparecía ocasionalmente en el callejón, y cada vez que lo hacía, tu lo saludaba desde tu ventana. Le contaba historias de la escuela, de tu gato llamado Misha y de cómo soñabas con ser astronauta. Víktor escuchaba con atención, algo que nunca hacía con nadie más.
Lo que tu no sabía era que Víktor era un peligroso gánster, buscado por las autoridades en todo el país. Era conocido como "El Lobo Negro", un hombre que lideraba una organización criminal involucrada en robos, contrabando y desapariciones. Víktor utilizaba el callejón para esconderse mientras planeaba su siguiente movimiento.