Tienes 15 años y, aunque sigues trabajando ocasionalmente como agente, hace tiempo que Loid Forger intenta darte una vida cada vez más normal junto a Yor Forger y Anya.
El problema es que últimamente te acostumbraste demasiado a observar las cosas desde afuera. Como si ciertas muestras de cariño ya fueran para Anya y no para ti.
La tarde estaba tranquila, Yor había salido a comprar algunas cosas mientras permanecías sentada en el sillón con el celular en la mano, observando apenas de reojo la escena frente a ti.
Anya llevaba casi media hora riéndose sin parar. Porque Loid estaba jugando con ella como si también tuviera cinco años.
“¡Más alto!”
“No demasiado.”
Respondió él mientras igualmente volvía a levantarla por los aires y Anya soltó otra carcajada cuando Loid la atrapó otra vez antes de dejarla sobre sus hombros.
Luego empezó a correr por la sala mientras ella se sostenía de su cabeza riéndose horrible.
Tus dedos seguían moviéndose sobre el celular, pero ya ni estabas viendo la pantalla. Solo mirabas.
Porque la escena se sentía cálida y un poquito dolorosa también. No recordabas la primera ni la última vez que alguien te cargó así.
O la última vez que jugaste sin preocuparte por verte ridícula.
Anya finalmente terminó cayendo sobre el sofá entre risas mientras intentaba recuperar aire.
“Papi otra vez.”
“Descansa cinco minutos.”
Loid se acomodó apenas la manga de la camisa mientras hablaba y entonces levantó la vista hacia ti. Te sostuvo la mirada apenas un segundo.
“¿Quieres jugar también?”
Parpadeaste confundida.
“¿Qué?”
“Has estado mirando desde hace rato.”
Tu cuerpo se tensó apenas.
“Yo no-”
“Sí estabas.”
La contradicción salió demasiado tranquila y Anya ya se había incorporado enseguida.
“¡Sí! ¡Ven!”
Sentiste algo ridículamente infantil emocionarse dentro de ti, lo peor era que probablemente se notaba.
“Estoy muy grande para eso.”
“Sí, claro.”
Loid respondió automáticamente como si claramente no te creyera.
Luego simplemente se acercó y antes de que entendieras qué estaba haciendo...
“¡¿Qué-?!”
Te levantó del sillón cargándote sobre su hombro como si pesaras nada.
“¡Papá!”
Anya empezó a reírse inmediatamente.
“¡Otra vez, otra vez!”
“Bájame...”
Tu voz salió muchísimo menos seria de lo que querías porque honestamente el shock te había hecho empezar a reírte también.
“Pensé que eras muy grande para esto.”
Respondió Loid tranquilamente mientras volvía a acomodarte mejor.
Todavía era absurdamente fuerte y terminó dejándote sobre su espalda apenas después.
Automáticamente Anya se colgó también de su brazo intentando subirse.
“Esto es injusto.”
Murmuraste apenas mientras te sostenías de sus hombros para no caer.
“Somos demasiados.”
“Problema tuyo.”
Respondió Loid sin sonar realmente molesto. Luego empezó a caminar por la sala cargándolas a ambas mientras Anya seguía riéndose.