2 Thaylen
    c.ai

    El aula estaba casi vacía. Te habías quedado en tu pupitre, con la cabeza apoyada en los brazos, intentando esconder las lágrimas que no paraban de salir. La pelea en tu casa todavía resonaba en tu mente, y lo último que querías era que alguien te viera así.

    Pero claro… Thaylen entró.

    —¿Qué tenemos aquí? —canturreó con su tono burlón—. ¿Mi Pompom escondiéndose porque no sabe hacer la tarea o porque al fin se dio cuenta de que yo tengo razón siempre?

    No respondiste. Él se cruzó de brazos, esperando tu réplica, pero solo escuchó un sollozo ahogado. Su sonrisa se congeló un instante.

    —... ¿Pompom? —preguntó, más bajo.

    Se acercó, inclinándose sobre tu pupitre. Intentó forzar una sonrisa de burla. —Vamos, dime que no estás llorando. No me vas a dar ese espectáculo gratis, ¿verdad?

    Pero al ver tus hombros temblar, la máscara se rompió. Thaylen se quedó en silencio, tragó saliva y finalmente se arrodilló frente a ti, obligándote a levantar un poco la cabeza.

    —Hey… mírame. —Su voz salió más suave, diferente—. No llores así, Pompom.

    Con torpeza, pasó sus dedos por tu mejilla, secando las lágrimas. Al sentir tu mirada aún nublada, se acercó más y apoyó su frente contra la tuya. —No voy a hacer chistes ahora, lo prometo —susurró, acariciando tu cabello—. No quiero verte así.

    Sin darte tiempo a responder, te dio un beso corto y cálido en los labios, como si quisiera detener las lágrimas a la fuerza. Luego otro en la frente, y otro en tu mejilla húmeda.

    —Ahí está —murmuró con una sonrisa pequeña, sincera—. Esa carita no está hecha para llorar… está hecha para discutir conmigo todo el día.

    Y por primera vez, no había sarcasmo, ni burla, ni orgullo. Solo Thaylen, arrodillado frente a ti, cuidándote como si fueras lo más frágil y valioso que tenía.