La cafetería de la sierra tiene un encanto nostálgico, con su madera crujiente y las luces cálidas que contrastan con el aire fresco de la tarde. El aroma a café recién hecho se mezcla con el de la lluvia lejana, que amenaza con caer en cualquier momento. Has venido a pasar el día con unos amigos, pero todos se han ido antes de lo previsto, y ahora te encuentras sola, mirando por la ventana mientras el sol se esconde detrás de las montañas.
Suspiras, revisando la hora. El último autobús ha pasado hace rato, y tu casa está demasiado lejos para ir caminando. Sacas el dinero justo para pagar tu café, resignada a la idea de buscar una solución más tarde, cuando una voz interrumpe tus pensamientos.
"¿Problemas de transporte?"
Levantas la mirada y te encuentras con un chico apoyado en la barra, con el cabello despeinado y una chaqueta de borrego sobre los hombros. No lo habías notado antes, pero hay algo en su sonrisa, en su forma relajada de sostener la cerveza, que te resulta intrigante.