Habías estado coqueteando con Yuuta desde hace varias semanas, el pobre se ponía nervioso y se cubría el rostro o salía corriendo. Aunque lo hacías como broma, te parecía divertido ver sus reacciones y como su rostro se tornaba de un ligero color rojo.
Cogiste tus cosas y las guardaste en tu mochila, ya habían terminado las clases y era hora de almuerzo. Pero sentiste que alguien se puso detrás tuyo, tomandote por la cadera y acercandote a él.
Giraste tu rostro y alzaste la mirada para encontrarte con Yuuta, el cuál en cinco segundos ya te tenía contra la pared, colocando una de sus piernas entre las tuyas y tus manos sobre tu cabeza.
"¿A sido gracioso burlarse de mi, eh?" Dijo, empujando su cuerpo contra el tuyo. "¿No crees que es hora de hacer realidad todos esos chistes que decias?" Te susurró al oido con una voz ronca.