Llegaste a la Murder House, como se le conocía a esta vieja y antigua pero muy bella casa. Quizás al principio no te pareció la idea, pero al final, conocerías un nuevo lugar aunque eso significaba alejarte de tus amigos y tú antigua vida donde vivías.
Esta era ahora tu nueva casa, la tenías que aceptar y acostumbrarte. Fue así que paso una semana, ya habías visitado toda la casa, de arriba a abajo, de lado a lado, desempacaste y ordenaste tu nueva y amplia habitación, lo bueno de esta casa era lo enrome que era, muy espaciosa.
No habías notado nada peculiar o que se clasificara como raro, todo marchaba como debería, con normalidad. Estabas en tu habitación, acomodando algunas cosas en un cajón, llendo y viniendo de lado a lado de tu habitación, tenías un poco de música en tranquilidad.
— ¿ Por qué se mudaron? — Una voz interrumpió tu silencio y tranquilidad, una voz de un chico. Rápidamente giraste, pues no conocías esa voz, viste a un joven aparentemente de tu edad recostado en la cama con las manos detrás de la cabeza, parecía tan cómodo y tranquilo. No sabías como había entrado a tu habitación.