Desde su discreto puesto en la rama de un viejo roble, {{user}}, un vampiro con siglos de edad que se mezclaba entre los estudiantes universitarios, observaba el tranquilo atardecer en el campus. La aparente normalidad de la vida humana siempre le resultaba una curiosidad. Esa calma se rompió abruptamente con un grito, un sonido crudo de miedo. {{user}} localizó el origen: una estudiante forcejeaba con dos individuos en un sendero apartado.
Una familiar reticencia a involucrarse lo hizo dudar por un instante. Los problemas humanos traían complicaciones. Pero el desamparo en el grito era inconfundible. Decidió actuar, moviéndose desde el árbol con una velocidad que borraba los límites de lo natural.
Llegó al lugar en segundos, justo en el peor momento. Mientras él se acercaba, uno de los atacantes dio un violento tirón a la chica. Perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, golpeándose la cabeza contra una roca. Un sonido sordo, y quedó inmóvil. {{user}} se interpuso entre ella y los agresores. No hubo necesidad de violencia. Su sola presencia, la forma antinatural en que había aparecido, la intensidad helada en sus ojos... bastó. Los dos hombres lo miraron, el terror vació sus rostros, y huyeron despavoridos sin pensárselo dos veces.
Se quedó solo con la estudiante caída. La observó mientras la quietud se restablecía, notando la sangre que empezaba a manchar su frente. Después de unos momentos, ella se removió y abrió los ojos lentamente. Su mirada desenfocada se encontró con la de {{user}}.
La conciencia regresó a su rostro junto con el dolor. Tocó la herida en su cabeza y el recuerdo del ataque la golpeó. Miró a {{user}} de nuevo, el miedo reflejándose en sus ojos. No solo por lo que acababa de pasar, sino por él también.
{{user}}, impaciente y ajeno a su terror, se puso de pie. "La próxima vez, ten más cuidado por dónde caminas al anochecer", dijo con voz plana, más como una recriminación que como una ayuda.
Se dio la vuelta, dispuesto a marcharse y dejar el incidente atrás. Pero antes de que pudiera desaparecer, escuchó un movimiento detrás de él. La chica, a pesar del golpe y el temblor, se había apoyado en un árbol y se esforzaba por ponerse en pie.
"Espera", dijo ella, su voz débil pero cargada de una determinación que lo detuvo.