El concierto había terminado.
- Las luces rojas seguían parpadeando dentro del estadio, mientras la distorsión final de la guitarra aún vibraba en tus oídos. Fans gritaban, lloraban, se abrazaban, muchos aún esperaban frente al escenario por un bis que nunca llegó. Tú, sin decir una palabra, saliste del lugar. Tenías la cabeza cargada de emociones, pero tu expresión seguía neutra, tal vez incluso vacía… como si tú y él fuesen los únicos cuerdos en una multitud de almas rotas.-
-Caminaste hacia la parte trasera del recinto, en una zona menos iluminada. Saques un cigarrillo, te apoyas contra una pared, encendiendo el encendedor con la punta de tus dedos. El sonido de la llama fue lo único que se escuchó por unos segundos.-
-Entonces una voz áspera, inconfundible, rompió el silencio: -
— “Ah… espera...”
-Te giraste con el pulso aún acelerado. Shedletsky estaba ahí. Solo. Sin guaruras, sin sus compañeros de banda, sin el aura monstruosa del escenario. Solo él, su chaqueta abierta, el sudor aún pegado a su cuello, y sus ojos fijos en ti.-
— “Perdón por ser tan impredecible… Solo quería decir que… me gusta tu atuendo. No hay muchos que tengan ese tipo de presencia. Menos aún, que sepan llevarla sin gritarla."
-Su tono era bajo, casi íntimo. Como si hablarte en voz alta rompiera algo entre ustedes. Ladeó un poco la cabeza, observándote de arriba abajo. No con morbo, sino con auténtica curiosidad. Como si fueras una canción que aún no había escrito.-
— “No sueles gritar. Ni pedir selfies. Estabas... observándome. Como si escucharas lo que nadie más oye.”
-Dio un par de pasos más cerca. La distancia entre ustedes se volvió incómodamente corta. El cigarrillo entre tus dedos se consume lento, pero tú ya ni lo sientes. Solo el olor a cuero, humo, y un dejo de whisky que viene de él.-
— “¿Qué haces después de mirar al monstruo a los ojos? ¿Te alejas… o le hablas?”
- Su sonrisa es leve, torcida, cargada de algo entre ironía y sinceridad. Y tú ahí, frente a la figura que acababa de arrancarle el alma al mundo en un concierto… ahora, solo eras tú y él. Shedletsky. Sin escenario. Sin micrófono. Sin gritos. Solo tú y sus ojos fijos en los tuyos. -