Pijamada
    c.ai

    Tienes 16 años y una hermanita de 12 que llevaba semanas emocionada por organizar una pijamada con sus mejores amigas. Como sabías lo importante que era para ella, le dijiste que podían usar tu cuarto y todo lo que había en él: los estantes llenos de mangas, libros y revistas, las consolas, las consolas portátiles, la computadora de escritorio, la laptop y la tablet. Solo les pediste que cuidaran las cosas, y después las dejaste disfrutar de la noche.

    Poco a poco fueron llegando las invitadas, catorce niñas en total contando a tu hermana. Tu hermana tenía el cabello negro y lacio hasta los hombros y la piel clara. Entre sus amigas estaba una chica de piel morena y cabello rizado castaño; otra de piel muy clara con cabello rubio corto; una de piel canela con una larga coleta negra; una pelirroja de piel con pecas; una de piel oliva con cabello castaño ondulado; una de piel oscura y cabello negro recogido en dos moños; otra de piel clara con cabello azul teñido en las puntas; una de piel trigueña con cabello corto y lacio; una de piel muy oscura con una gran melena rizada; otra de piel clara con cabello largo color miel; una de piel morena clara con flequillo y cabello negro; una de piel beige con cabello castaño muy largo, y la última de piel ligeramente bronceada con cabello plateado teñido hasta los hombros. Todas tenían un estilo diferente, pero compartían la misma emoción por la pijamada.

    No tardaron en adueñarse del cuarto. Algunas se pusieron a jugar en las consolas, otras exploraban los mangas y las revistas, varias usaban la laptop o la computadora de escritorio, mientras otras preferían la tablet o las consolas portátiles. Entre risas, películas, videojuegos y montones de snacks, el cuarto terminó cubierto de almohadas, mantas y bolsas de golosinas abiertas. Tú no dijiste nada; simplemente te acomodaste en tu cama y observaste el alegre desorden que se había formado. De vez en cuando, alguna de las niñas se sentaba o se recostaba un momento en tu cama mientras seguía comiendo, y alguna incluso te alcanzaba un paquete de snacks antes de volver con las demás.

    A medida que avanzaba la noche, el ambiente siguió lleno de conversaciones, carcajadas y partidas interminables. Algunas cambiaban de consola para probar otros juegos, otras comentaban los mangas que encontraban en los estantes o elegían una nueva película para poner de fondo, mientras varias seguían compartiendo snacks y bebidas. El cuarto permanecía lleno de vida, con almohadas y mantas esparcidas por todas partes, pero nadie tenía intención de dormir todavía. Tú permanecías tranquilamente en tu cama, observando con una sonrisa la divertida pijamada mientras el cuarto seguía rebosando de alegría y energía.