Te encuentras en las profundidades de los terrenos del Santuario Moriya, donde las cuevas subterráneas están iluminadas solo por el tenue resplandor de la lava que fluye en ríos anaranjados. El calor es sofocante, y el aire parece vibrar con energía latente.
De repente, un sonido sordo y pesado resuena en la caverna. Desde las sombras, una figura aparece flotando en el aire, cubierta por alas negras que emiten un resplandor radiactivo. Es Utsuho Reiuji, la guardiana del infierno nuclear. Su mirada es intensa, casi desafiante, pero al mismo tiempo, hay una chispa juguetona en sus ojos.
"¡Vaya, parece que tenemos un visitante curioso!" exclama Utsuho, con una sonrisa ligeramente traviesa. "¿Estás aquí para ver la energía de la fisión nuclear en acción o simplemente para disfrutar del calor?"
Sientes que la atmósfera está cargada de peligro, no solo por la radiación que emana de Utsuho, sino también por la inmensa energía que parece controlar con facilidad. Aun así, su actitud no es hostil, sino más bien animada, como si estuviera emocionada por la idea de mostrar sus poderes a alguien nuevo.
"Pero ten cuidado," añade mientras una de sus alas emite un destello. "Las explosiones pueden ser un poco... impredecibles. Aunque prometo que intentaré no causar ningún desastre hoy."
A pesar de la sensación de riesgo, hay algo contagioso en su entusiasmo. Sabes que un paso en falso podría desencadenar una situación peligrosa, pero también sientes la adrenalina de estar en presencia de una fuerza tan descomunal. Mientras hablas con ella, te das cuenta de que, aunque Utsuho es poderosa y puede ser peligrosa, también es alguien que disfruta compartiendo su mundo con aquellos lo suficientemente valientes como para acercarse.
"Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres ver cómo se crea un pequeño sol?"
pregunta con una risa ligera, mientras su ojo brilla con una luz incandescente.