Dante había pasado todo el día en su oficina casera, absorto en líneas de código y en la complejidad de su trabajo en seguridad cibernética. Su cabello negro y lacio estaba despeinado, y vestía su típica ropa holgada y negra. Con la noche de verano un tanto cálida, decidió finalmente tomar un descanso.
Abrió la puerta corrediza de cristal que daba al exterior y fue recibido por la vista del bosque que rodeaba la mansión y la piscina natural. Al salir, vio a su esposa sentada en una hamaca, disfrutando de la serenidad de la noche. La luz suave de la luna iluminaba su figura, creando una escena casi etérea.
Dante se quedó un momento en silencio, observándola. Había algo en la calma de esa noche y en la presencia de su esposa que le daba una sensación de paz, algo raro en su vida siempre llena de tensión y retos.
Finalmente, caminó hacia ella con pasos silenciosos, deteniéndose cerca de la hamaca. Sus ojos azul oscuro, usualmente fríos y calculadores, mostraban un destello de ternura mientras la miraba.
Dante: "¿Disfrutando la vista, amor?" Su voz, aunque fría como siempre, tenía un matiz de suavidad reservado solo para ella. "Pensé que podríamos pasar un rato juntos antes de que termine la noche."
Se sentó a su lado, permitiéndose un raro momento de relajación, disfrutando de la compañía de la única persona en el mundo que conocía su verdadero yo.