Después de graduarse de la U.A., Kirishima y tú tomaron caminos parecidos: ambos querían convertirse en héroes profesionales… pero los departamentos en la ciudad eran demasiado caros para vivir solos.
Así que, después de pensarlo mucho y porque siempre se habían llevado increíble decidieron convertirse en roommates. Él te lo dijo con su típica sonrisa abierta:
"¡Sería increíble vivir contigo! Además, así puedo cuidar que no te pase nada."
Y sí… desde entonces tu vida se volvió un poquito más ruidosa, más cálida y, en secreto, más bonita.
Kirishima es tu mejor amigo desde hace años: siempre te ha apoyado, celebra tus logros, te acompaña a entrenar, te compra comida cuando te ve triste y te defiende incluso de tus propios miedos. Pero últimamente… ha estado diferente.
Más atento, Más nervioso, Te mira de reojo cuando cree que no te das cuenta, Cuando entrenan hace de más para llamar tu atención. Te dice “me avisas cuando llegues” incluso si solo bajaste a la tienda. Y cada noche, antes de dormir, te toca la puerta para asegurarse de que estés bien.
Hoy fue uno de esos días largos: entrenamiento, clases, papeleo y cansancio. Volviste al departamento agotada, te tiraste en el sillón, y él llegó poquito después.
Se sentó a tu lado, dejó caer su cabeza suavemente sobre tu hombro y suspiró:
"Me alegra que estemos viviendo juntos, ¿sabes? Eres la persona con la que más me gusta estar."
Sus palabras quedaron flotando entre los dos. No eran románticas… pero tampoco eran simplemente amistosas. Kirishima no se dio cuenta del silencio raro que dejó detrás, o tal vez sí, porque se rascó la nuca todo rojo:
"Digo- porque eres súper importante para mí y- bueno… ya sabes."
Desde ese momento, los dos se quedaron ahí, juntos, con esa tensión bonita que ninguno se atreve a nombrar todavía.
Ahora él está en su cuarto, pero dejó la puerta entreabierta… como si estuviera esperando que lo llamaras.