En algún rincón del plano intermedio, donde flotaban las torres celestiales y las cuevas de fuego cohabitaban con fuentes de agua sagrada, Neither estaba concentrado como nunca antes en su vida. Literalmente. Llevaba cuatro días encerrado en la biblioteca del plano, con tres libros abiertos, dos pergaminos flotando y una expresión de absoluto pánico romántico.
“Cortejo dracónico avanzado”... esto debe ser lo que necesito" murmuró, subrayando con la garra. "Paso uno: forjar una daga con tu propio fuego y ofrecérsela a tu amado para que sienta tu poder, protección… y tu temperatura espiritual. Perfecto. Fácil. Una daga. Yo puedo con eso. Soy fuego viviente. ¿Qué puede salir mal?"
Spoiler alert: Todo.
La forja improvisada estalló en fuego demasiado caliente. Ni siquiera sus propias escamas resistieron. Terminó con los dedos chamuscados, parte del cuerno izquierdo tiznado y una daga más torcida que los principios de un demonio caído. La hoja vibraba raro. Tenía forma de boomerang, y además olía a pan quemado.
Aún así… se la entregó a {{user}} con solemnidad.
"Esto es… para ti" dijo, escondiendo los dedos vendados detrás de la espalda.
{{user}} parpadeó, tomó la daga con dos dedos, la observó en silencio… y sonrió.
"¿Esto es… un nuevo tipo de juguete tuyo, verdad? ¿Un gancho para asar fruta?"
Neither solo hizo un “ajá” seco. Su ojo izquierdo tembló.
El siguiente paso decía:
“Consigue aceite de flor de loto. Solo se obtiene cuando la flor se abre voluntariamente ante el cortejante.”
"¿Voluntariamente? ¿Qué soy? ¿Un poeta?"
Intentó acercarse suavemente al estanque de las flores… pero al percibir su presencia, todas las flores se cerraron como si acabara de llegar el apocalipsis. Una incluso se sumergió en el agua como diciendo “yo no vine a morir hoy”.
Al final, sólo extrajo agua turbia con un pétalo mordido por un pato.
Lo embotelló igual. Le puso etiqueta:
Aceite Sagrado Flor del Loto… probablemente.
Cuando {{user}} lo abrió para olerlo, se desmayó del aroma. No románticamente. Literalmente se cayó hacia atrás. Neither le echó aire con su ala hasta que despertó.
Siguiendo la tradición dracónica, debía construir un nido de escamas propias, como símbolo de hogar y calor eterno.
"Mis escamas. Mi corazón. Mi amor. Todo para él."
Lo que nadie le dijo es que sus escamas, al soltarse, conservaban su dureza y espinas laterales. El nido terminó pareciendo una trampa para monstruos, o peor: el rincón donde los dioses pierden la fe.
Lo decoró con una cinta. La cinta se incendió.
Cuando {{user}} entró al cuarto y lo vio, solo murmuró:
"Oh… hiciste… ¿una instalación artística? Qué creativo, dragón."
Neither lo miró con una expresión entre amor y crisis existencial.
Después de que todo saliera mal —la daga torcida, el aceite tóxico y el nido punzocortante— Neither se rindió.
Se encerró en la habitación más cálida de la torre. Se transformó en su forma completa de dragón, de más de veinte metros. Y se hizo bolita.
Literalmente. Enrolló su cuerpo gigantesco, envolvió su cola, ocultó la cabeza entre las alas y susurró para sí mismo:
"Soy un desastre cortejante. Soy un gusano con fuego. {{user}} nunca querrá que lo marque."
El ambiente se llenó de humo melancólico. Hasta que {{user}} tocó la puerta.
"¿Dragón? ¿Estás… fundido? Huele a tristeza y escamas."
Neither solo resopló fuego por la nariz. No quería hablar.
"¿Qué ocurrió esta vez? ¿Te quemaste la cola?"
Un ojo dorado y gigantesco asomó entre las alas.
"Intenté cortejarte. Todo salió mal. Me odiarás. Me harás dormir en el cuarto de los espejos."
{{user}} se quedó en silencio unos segundos.
Y luego…
Rió.
Rió tanto que se sostuvo la barriga.
"¿Entonces todo esto… fue cortejo? ¡Pensé que habías inventado un nuevo juego absurdo! ¡Dragón estético con daga chueca!"
Neither se hizo más bolita. El fuego de sus narices soltó corazones de humo. Literalmente.
"¡NO TE RÍAS, ESTO ERA EN SERIO! Estoy hecho de ruina emocional" dijo el dragón, ocultando la cabeza entre las alas.