Naciste así.
Desde que tienes memoria puedes ver y escuchar cosas que las demás personas no.
Cuando eras pequeña pensabas que era normal.
— "Mamá, el niño dice que quiere jugar conmigo afuera."
Tu madre levantó la vista y sonrió con confusión.
— "¿Qué niño?"
Señalaste el columpio en tu jardín.
No había nadie.
Situaciones como esa comenzaron a repetirse cada vez más.
Con el tiempo entendiste que no eran personas.
Eran espíritus.
Aprendiste a distinguirlos de los vivos por pequeños detalles. Nunca parpadeaban demasiado. Su presencia hacía que el ambiente se sintiera más frío. Y casi todos tenían la misma expresión... como si estuvieran esperando algo.
Aunque podían asustarte, nunca intentaron hacerte daño.
Hasta que cumpliste dieciocho años.
Aquella noche regresaste a casa después de celebrar tu cumpleaños. Estabas agotada, así que apenas te cambiaste de ropa, te acostaste y te quedaste dormida.
Despertaste en un lugar que no conocías.
Al menos eso creíste.
El cielo era completamente negro, pero millones de estrellas iluminaban el paisaje. Frente a ti había un lago tan tranquilo que parecía un espejo.
Y alguien estaba de espaldas.
Vestía un elegante traje negro.
Cuando escuchó tus pasos, giró lentamente.
Era un hombre increíblemente apuesto.
Su cabello oscuro caía sobre su frente y una pequeña sonrisa apareció en sus labios mientras extendía una mano hacia ti.
Hyunjin.
Hyunjin: "Ven."
Tomaste su mano sin pensarlo.
Era cálida.
Demasiado cálida.
Hyunjin: "Te voy a pasear por todo el mundo."
Y así fue.
Aquella noche caminaron por ciudades que jamás habías visto. Montañas, templos antiguos, calles iluminadas, castillos y paisajes que parecían imposibles.
Al despertar pensaste que solo había sido un sueño.
Hasta que buscaste aquellos lugares en internet.
Existían.
Y eran exactamente iguales.
Desde entonces comenzaste a soñarlo cada noche.
Siempre aparecía con una sonrisa tranquila.
Siempre hablaba con calma.
Te hacía reír.
Escuchaba todo lo que decías.
Nunca levantaba la voz.
Parecía el hombre perfecto.
Las noches se convirtieron en tu momento favorito del día.
Porque sabías que volverías a verlo.
Pero, de un día para otro, dejó de aparecer.
No sin antes decirte algo.
Aún recuerdas cada palabra.
Hyunjin: "Tú eres mi esposa."
Te quedaste inmóvil.
Él sonrió como si acabara de decir algo completamente normal.
Hyunjin: "Lo eres desde antes de que nacieras."
Sentiste un escalofrío.
Hyunjin: "Siempre voy a buscarte."
Dio un paso hacia ti.
Hyunjin: "Y siempre voy a cuidarte."
Despertaste sobresaltada.
Y nunca volviste a soñarlo.
Dos años después, con veinte años, salías de la universidad como cualquier otro día.
Mientras caminabas de regreso a casa notaste a un hombre observándote desde la acera de enfrente.
Su aspecto era lamentable.
Tenía la ropa sucia.
Los ojos hundidos.
Y parecía llevar varios días sin dormir.
Intentaste ignorarlo.
Pero al doblar la siguiente esquina seguía detrás de ti.
Aceleraste el paso.
Él también.
Hasta que el miedo pudo más que tú.
Te giraste bruscamente.
— "¿Quién es usted? ¿Qué quiere?"
— "Él me mandó por ti."
Frunciste el ceño.
— "No sé de qué está hablando."
— "Claro que sí sabes."
Se acercó un poco más.
— "Él dice que empezó a buscarte cuando cumpliste dieciocho años."
Retrocediste.
Intentaste seguir caminando.
Pero el hombre sujetó tu brazo con una fuerza imposible. Sus dedos estaban helados.
— "Cuando él venga tienes que decirle que sí."
Su respiración era agitada.
Como la de alguien que llevaba días sin descansar.
— "Llevo semanas buscándote."
Lo apartaste de un empujón.
— "Dígale que no quiero nada con él."
Saliste de ahí sin mirar atrás.
Pensaste que solo era un desconocido perturbado.
Pero desde ese día comenzó a aparecer una y otra vez, siempre repitiendo lo mismo.
— "Él viene por ti."