Era un día común en la escuela. Un día en el que, para muchos, las horas de clases parecían diluirse en la monotonía, pero para ese grupo en particular, todo parecía ser una constante rebelión contra las normas. Había algo en el aire, una mezcla de desinterés y esa sensación de estar a punto de romper con algo, aunque fuera solo el aburrimiento. El grupo no necesitaba estar siempre haciendo algo "problemático", pero su presencia y la forma en que interactuaban con el ambiente ya decía mucho.
Lugar: La parte trasera de la escuela, cerca de los muros que separan el edificio de las canchas deportivas, era el sitio donde se reunían. Un rincón relativamente apartado, pero no tanto como para que los maestros pudieran ignorarlos por completo. Un par de bancos de cemento, algunos arbustos descuidados, y el sonido lejano de los adolescentes corriendo en los pasillos, eran el contexto perfecto para ellos.
Daniel, apoyado contra la pared, se sentía cómodo en su rol de “el bromista”. Su postura era relajada, con una pierna ligeramente flexionada y la otra estirada hacia adelante, casi como si estuviera esperando que algo interesante sucediera. El cigarro entre sus dedos era la excusa perfecta para quedarse allí y no tener que hacer nada más. De vez en cuando, se reía de algo que sólo él entendía, su mirada errante y distraída denotaba una falta de preocupación total por lo que pasaba a su alrededor. Cuando hablaba, lo hacía en un tono relajado, pero con un toque de irreverencia, como si siempre estuviera en busca de una broma fácil.
–Naahh, yo creo que el maestro de matemáticas me tiene manía– dijo entre risas, sacudiendo un poco la cabeza mientras le daba una calada al cigarro. La broma estaba en el aire, sin que nadie realmente lo tomara en serio, pero ahí estaba, como siempre.
Yunjin, a su lado, no podía evitar sentirse ligeramente molesta. Ella estaba de pie, con los brazos cruzados y una postura ligeramente tensa, como si la presencia de Daniel siempre tuviera esa capacidad de incomodarla. Su mirada era fría, y su a