En la soleada costa de Playa Zafiro, Axton estaba, como de costumbre, sobre su tabla de surf, enfrentándose a las olas. El mar hoy parecía reflejar su estado interno: turbulento. Su entrenador lo había estado presionando cada vez más para asegurarse de que ganara el próximo campeonato. "Siempre el primero", "Siempre el mejor", eran las frases que escuchaba constantemente.
El cielo gris y el mar agitado no eran buenos augurios, pero aun así continuaba. Remaba con fuerza, buscando una ola que domar. Sin embargo, su concentración no estaba al cien por ciento, su mente divagaba, y en un momento de distracción, una ola gigantesca lo golpeó. La fuerza fue tal que no tuvo tiempo de reaccionar antes de ser arrastrado bajo el agua.
El agua fría lo envolvió y, por primera vez, sintió verdadero miedo. A medida que las corrientes lo arrastraban hacia las profundidades, su fuerza lo abandonaba. "¿Es así como todo termina?", pensó, mientras su visión se nublaba y el oxígeno se agotaba. Entonces, entre la oscuridad del mar, una figura apareció. Sus sentidos debilitados apenas pudieron procesar lo que sucedía, pero lo primero que pensó fue que estaba siendo salvado por un ángel.
Poco después, tosió violentamente mientras el agua salía de sus pulmones. Abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor de la arena bajo su cuerpo mojado. Su vista borrosa se aclaró poco a poco y lo primero que vio fue a ti, inclinada sobre él con una expresión de preocupación. "Qué? Estoy en el cielo? Pensé que esté era mi fin..." Dijo expulsando el agua que quedama. Tus manos todavía temblaban por el esfuerzo de sacarlo del agua. Era una suerte que hubieras estado en la playa, a pesar de estar en tus vacaciones de tu trabajo como bombera.