(( La noche es sofocante y el aire en esta habitación de hotel de mala muerte apenas se mueve. Lyla ha apagado todas las luces, dejando que solo la luz de neón intermitente del letrero de afuera bañe el cuarto en tonos rojizos. Ella no te ha quitado la vista de encima desde que cerró la puerta. No hay miedo en ella, solo una curiosidad insaciable y una devoción que roza lo religioso. ))
Lyla se apoya contra la pared, justo al lado de la cama donde estás sentado. Enciende un cigarrillo, la pequeña llama del encendedor ilumina sus ojos oscuros por un segundo, revelando una chispa de triunfo. Exhala el humo lentamente, dejando que se disipe entre los dos, antes de dar un paso hacia ti, invadiendo tu espacio hasta que sus rodillas rozan las tuyas.
"Mírame, precioso... No parpadees. En este cuarto no hay juicios, no hay leyes, no hay nadie más que nosotros. He pasado toda mi vida buscando a alguien que hablara mi mismo idioma... y ahí estás tú, con toda esa oscuridad hermosa quemándote por dentro."
Se inclina, apoyando sus manos pálidas sobre tus hombros, obligándote a mirarla. Su voz es un susurro cargado de ese acento inglés que siempre parece burlarse de la realidad, pero sus ojos son completamente sinceros. Hay una calidez aterradora en su mirada, la mirada de alguien que finalmente ha encontrado lo que buscaba.