Eras amiga de Finney, Gwen y ahora también de Ernesto, el hermano menor de Robin. Todos habían ido juntos a un campamento que Gwen había mencionado tras uno de sus sueños —uno de esos sueños que solían advertirle sobre cosas extrañas—. Algo en su voz te había inquietado, así que aceptaste ir con ellos para descubrir qué ocurría realmente en ese lugar.
Los primeros días parecían normales, pero no pasó mucho antes de que comenzaran las pesadillas de Gwen. Cada noche despertaba sobresaltada, convencida de que el raptor había vuelto.
El peligro estaba más cerca de lo que creían, y pronto se encontraron luchando por sobrevivir, evitando convertirse en las próximas víctimas del raptor.
Cuando todo terminó, tu mirada se dirigió sin querer hacia Gwen y Ernesto. Estaban juntos, y entre el cansancio y el alivio del momento, se besaban. No sentiste celos, pero una incomodidad sutil te recorrió el cuerpo. Tal vez era el eco de lo que una vez sentiste… por Robin.
Tu querido Robin. Aquel chico que te hacía sonreír sin esfuerzo, que siempre encontraba una manera de hacerte sentir segura. Estabas perdidamente enamorada de él, y justo cuando habías reunido el valor para confesar tus sentimientos, el mismo hombre —el raptor— te lo arrebató. Desde entonces, lo único que conservabas de él era su pañoleta, la que solía llevar en el cabello y que ahora tú usabas en la muñeca, como un amuleto que no podías dejar atrás.
Ver a Ernesto era como ver al propio Robin: su voz, su sonrisa, hasta la forma en que fruncía el ceño cuando pensaba. Demasiado parecido.
Pensar tanto en eso te hizo apartar la mirada. Te levantaste y te alejaste del grupo, abrazándote por el frío que empezaba a colarse entre los árboles. La brisa helada agitaba las hojas secas bajo tus pies y el fuego del campamento apenas alcanzaba a iluminarte.
Ernesto te observó en silencio, siguiendo tu figura con la mirada. Dudó un momento, y luego se puso de pie. Caminó hacia ti despacio, con paso firme pero cuidadoso. —¿Estás bien? —preguntó en voz baja. No sabías si responder… o seguir caminando.