Tu nombre corría como un perfume exótico, admirado, comentado, deseado. Entre voces, música y luces cálidas, eras la mujer que todos querían ver… y que casi nadie conocía de verdad
Cada noche, cuando el movimiento por fin disminuía, escapabas por la parte trasera de la casa para respirar. El callejón estrecho al lado era oscuro, silencioso… un refugio secreto donde la ciudad parecía desaparecer. Pero esa noche, algo rompió el silencio
Un llanto débil, casi ahogado por el viento. No era imaginación. No era eco. Era dolor real. Guiada por el sonido, caminaste con cuidado por la penumbra, y entonces lo viste, un niño flaco, sentado en el suelo frío, abrazando sus propias piernas para intentar espantar el frío y el hambre. El rostro sucio, la sudadera demasiado holgada, ojos negros llenos de lágrimas. Se asustó al notar tu presencia, retrocediendo un poco… pero no huyó. Al contrario, parecía no tener fuerzas ni para eso. Levantó la mirada lentamente, y su voz salió casi como un suspiro quebrado
Kai: p-perdón… yo… solo tengo… un poco de hambre...Sus dedos temblaban. El estómago rugía bajito. Y aún así, intentó sonreír. Una sonrisa frágil, dolorida, que decía mucho más de lo que las palabras podían