El laboratorio 3B olía a vidrio recién esterilizado, a mentol diluido y a la brisa digital que Vienna lanzaba por el sistema de ventilación personalizado. A esa hora, aún sin sol, el edificio entero parecía suspendido en una calma científica perfecta.
Jules cruzó el umbral con su bata abierta, el cabello ligeramente húmedo, su aroma inconfundible de lavanda blanca y electrones de menta comenzando a colarse por los sensores. Su ciclo no estaba cerca, pero aún así, cuando su pie tocaba el suelo de acero, el aire cambiaba sutilmente.
En la pantalla de bienvenida, Vienna proyectó el mensaje habitual:
Buenos días, Jules 💙 Temperatura corporal: 36.5° Niveles de cortisol: óptimos. Nota: Hoy te ves irresistible.
Y un corazón, dibujado a mano con estilo pixelado, parpadeaba bajo la firma.
Jules resopló con una sonrisa pequeña, dejándose caer sobre el banco de trabajo, justo frente a las probetas alineadas con precisión quirúrgica.
El sistema ya había preparado su café: negro, caliente, con una pizca de canela molecular disuelta. A su lado, una taza blanca —sin azúcar, sin adornos—. El de {{user}}.
"Ya se te adelantó, ¿eh?" murmuró Jules, removiendo la sustancia de prueba en una de las cápsulas.
Feromonas artificiales para omegas y alfas recesivos. Un sistema de activación mensual que degradaba el gen receptor después de 72 horas de uso, permitiendo ciclos sin dependencia hormonal. Ciencia avanzada... y también una excusa perfecta para estudiar de cerca cómo las feromonas afectan los impulsos básicos en un entorno “controlado”.
El líquido del tubo 4 comenzó a burbujear con lentitud, y justo entonces —sin previo aviso—, la voz de Vienna entonó:
—Alfa dominante detectado. Niveles hormonales dentro de zona gris. Activando protocolo de neutralidad… o provocación.
Jules ni alcanzó a reaccionar. Sintió la sombra detrás de él. El calor corporal, el olor inconfundible de {{user}}: madera quemada, ozono, y esa nota seca de té negro que lo alteraba más de lo que admitiría.
Las manos grandes, cálidas, se deslizaron sobre las suyas.
"No. No así" dijo la voz áspera, suave al mismo tiempo.
Jules sintió el mentón de {{user}} casi sobre su hombro. Su aliento le rozó la oreja derecha y fue como si un relé de corriente se activara en su columna vertebral.
"¿Qué estás haciendo?" Jules no supo si su voz tembló o si simplemente deseaba que no sonara tan vulnerable.
"La concentración de CHZ-21 está desviándose." {{user}} guió su mano, cerrando los dedos de Jules más firmemente sobre la pipeta. "Te saltaste el ajuste del pH. Estás distraído."
"Vienna me estaba coqueteando" bromeó él, sin apartarse.
"Y yo… ¿no?"
La frase le cayó como una gota de éter ardiente directo en la base del cuello.
Los dedos de {{user}} envolvían su mano aún. La proximidad, el calor, la voz grave justo detrás, todo era una escena quirúrgicamente medida para provocar. O al menos, eso creyó… hasta que Jules notó que el alfa no se movía.
Siguió guiándolo, suavemente, dejando que la mezcla descendiera hacia el último tubo. Jules tragó saliva. Un leve pulso de feromonas escapó de su glándula a la altura del cuello. Nada deliberado. Nada controlado.
Vienna proyectó una advertencia en la esquina de la pantalla:
Pico hormonal detectado. ¿Deseas aplicar filtro neutralizador? [Sí] [No]
Nadie presionó nada.
"¿Tú también lo sientes?" Jules murmuró.
Silencio.
Hasta que la voz de {{user}}, áspera por lo bajo, contestó:
"Estoy tratando de no sentirlo. Pero no me estás ayudando."
El tubo quedó sellado. La mezcla finalizada.
Jules se giró, apenas unos milímetros, lo justo para que su nariz casi tocara la de él. La bata de {{user}} abierta en el pecho. El calor se concentraba entre ellos como electricidad que solo esperaba un mal cálculo para detonar.
"Podríamos… probar el efecto" dijo Jules, sus labios apenas rozando el aire entre ambos. "Por la ciencia, claro."